Ácidos grasos hiperoxigenados y aceites ozonificados: dos productos diferentes que conviene no confundir

Gotas de aceite representando lípidos utilizados en productos tópicos como ácidos grasos hiperoxigenados y aceites ozonizados.

En el ámbito del cuidado de la piel y la prevención de lesiones cutáneas, especialmente en pacientes inmovilizados o con riesgo de desarrollar lesiones por presión, existen numerosos productos tópicos disponibles. Los ácidos grasos hiperoxigenados vs aceites ozonizados generan con frecuencia dudas en la práctica clínica. Analizamos sus diferencias, la evidencia científica disponible y su papel en la prevención de úlceras por presión.

Las lesiones por presión continúan siendo uno de los eventos adversos más frecuentes asociados a la atención sanitaria. Su aparición está relacionada con factores como la presión mantenida sobre prominencias óseas, la fricción, la cizalla y la humedad, que comprometen la microcirculación cutánea y favorecen la aparición de daño tisular. Por este motivo, la prevención constituye una prioridad dentro de los cuidados enfermeros, especialmente en pacientes hospitalizados, personas mayores institucionalizadas y pacientes con movilidad reducida.

Dentro de las estrategias preventivas, además de medidas fundamentales como la movilización periódica, el uso de superficies especiales para el manejo de la presión o la valoración sistemática del riesgo, el cuidado de la piel mediante productos tópicos protectores desempeña un papel relevante para mantener la integridad de la barrera cutánea.

En este contexto, tanto los ácidos grasos hiperoxigenados como los aceites ozonificados se utilizan en distintos entornos asistenciales con el objetivo de mejorar el estado de la piel, favorecer la oxigenación tisular o contribuir a la reparación cutánea. Sin embargo, aunque a veces se presentan como productos similares o incluso intercambiables, se trata de preparados con mecanismos de acción diferentes, indicaciones clínicas distintas y un respaldo científico desigual.

A pesar de que ambos se utilizan con objetivos relacionados con la protección cutánea y la cicatrización, no son lo mismo ni tienen el mismo nivel de evidencia científica, por lo que conviene diferenciarlos adecuadamente desde el punto de vista clínico. Comprender sus características, indicaciones y limitaciones permite tomar decisiones más informadas en la práctica asistencial y evitar confusiones que pueden trasladarse tanto a los protocolos de cuidados como a la elección de productos en el ámbito sanitario.

Ácidos grasos hiperoxigenados: qué son y para qué se utilizan

Los ácidos grasos hiperoxigenados (AGHO) son preparados tópicos derivados de ácidos grasos esenciales que han sido sometidos a un proceso de hiperoxigenación controlada, mediante el cual se incorporan moléculas de oxígeno a las cadenas lipídicas. Este proceso modifica las propiedades fisicoquímicas de los lípidos, generando compuestos con mayor capacidad de interacción con la piel y con potencial efecto sobre la microcirculación cutánea.

En el ámbito sanitario, estos preparados se utilizan fundamentalmente como agentes tópicos para la prevención de lesiones por presión (LPP). Su aplicación está ampliamente extendida en hospitales, centros sociosanitarios y atención domiciliaria, especialmente en pacientes con movilidad reducida o con factores de riesgo para el desarrollo de lesiones cutáneas asociadas a la presión.

Las lesiones por presión se producen como consecuencia de la compresión mantenida de los tejidos entre una prominencia ósea y una superficie externa, lo que provoca una disminución del flujo sanguíneo capilar, hipoxia tisular y, finalmente, daño celular. En este contexto, el mantenimiento de la integridad de la piel y de una adecuada microcirculación cutánea constituye un elemento clave en las estrategias preventivas.

Los ácidos grasos hiperoxigenados se aplican habitualmente sobre zonas anatómicas de riesgo, como sacro, talones, trocánteres, maléolos o caderas, con el objetivo de preservar la integridad cutánea y mejorar las condiciones locales de la piel.

Entre los efectos que se les atribuyen destacan:

Mejora de la microcirculación cutánea, favoreciendo la perfusión capilar en áreas sometidas a presión prolongada.
Incremento de la oxigenación de los tejidos superficiales, lo que puede contribuir a prevenir situaciones de hipoxia tisular.
Hidratación de la piel y mantenimiento de su elasticidad, reforzando la función de barrera cutánea.
Disminución de la fricción y la cizalla, factores mecánicos implicados en el desarrollo de lesiones por presión.
Protección frente a la maceración cutánea, especialmente en pacientes con incontinencia o sudoración excesiva.

Diversos estudios clínicos han evaluado su uso como parte de las estrategias preventivas frente a las lesiones por presión. En estos trabajos se ha observado que la aplicación regular de AGHO en zonas de riesgo puede asociarse a una reducción en la incidencia de lesiones por presión en estadios iniciales, especialmente cuando se integra dentro de programas preventivos más amplios que incluyen cambios posturales, valoración sistemática del riesgo y utilización de superficies especiales para el manejo de la presión.

Por este motivo, los ácidos grasos hiperoxigenados se encuentran incluidos en numerosos protocolos de prevención de lesiones por presión y documentos de práctica clínica en cuidados enfermeros, donde se consideran una intervención tópica preventiva complementaria dentro de las estrategias dirigidas a preservar la integridad cutánea en pacientes vulnerables.

¿Qué dicen las guías de práctica clínica?

Las principales guías de práctica clínica sobre prevención de lesiones por presión incluyen el uso de ácidos grasos hiperoxigenados como parte de los cuidados preventivos de la piel. El Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas (GNEAUPP) recomienda valorar la aplicación tópica de AGHO en zonas de riesgo como sacro, talones o trocánteres, con el objetivo de mejorar la hidratación cutánea y contribuir a la protección de la piel frente a la presión prolongada.

Estas recomendaciones aparecen también en diferentes guías autonómicas y documentos de práctica clínica, que aconsejan aplicar AGHO de forma suave sobre la piel sometida a presión o ante la aparición de eritema no blanqueante, siempre como parte de un programa preventivo más amplio que incluya valoración del riesgo, cambios posturales y el uso de superficies especiales para el manejo de la presión.

Puedes consultar las recomendaciones completas en las siguientes guías:

Evidencia clínica disponible

El uso preventivo de los ácidos grasos hiperoxigenados ha sido evaluado en diversos estudios clínicos que han analizado su efecto sobre la aparición de lesiones por presión en pacientes con riesgo elevado.

Uno de los estudios más citados es el ensayo clínico realizado por Gallart et al. (2001), que evaluó la eficacia de los AGHO en la prevención de lesiones por presión en pacientes hospitalizados. En este estudio se observó una reducción significativa en la incidencia de lesiones por presión en el grupo tratado con ácidos grasos hiperoxigenados en comparación con el grupo que recibió cuidados estándar de la piel.

Posteriormente, Torra i Bou et al. (2005) analizaron el efecto de estos preparados en pacientes institucionalizados con riesgo de desarrollar lesiones por presión. Los resultados mostraron que la aplicación tópica regular de AGHO en zonas de riesgo se asociaba con una menor aparición de lesiones por presión en estadios iniciales, especialmente cuando se utilizaban como parte de un programa integral de prevención.

Estos y otros trabajos han contribuido a que los ácidos grasos hiperoxigenados se consideren una intervención preventiva útil dentro del cuidado de la piel en pacientes con riesgo de lesiones por presión, siempre integrados dentro de estrategias preventivas más amplias basadas en la evidencia.

Desde el punto de vista fisiopatológico, la prevención de las lesiones por presión se basa en mantener la perfusión de la microcirculación cutánea y preservar la integridad de la piel frente a la presión prolongada. En este contexto, el uso de preparados tópicos como los ácidos grasos hiperoxigenados se plantea como una medida complementaria orientada a mejorar las condiciones locales de la piel y favorecer la resistencia de los tejidos frente a los mecanismos que desencadenan este tipo de lesiones.

Esquema de la microcirculación cutánea y del efecto de los ácidos grasos hiperoxigenados (AGHO) en la prevención de lesiones por presión.

¿Ácidos grasos hiperoxigenados vs aceites ozonizados: son equivalentes?

Los aceites ozonizados (también denominados aceites ozonificados) se obtienen mediante la reacción del ozono (O₃) con aceites vegetales ricos en ácidos grasos insaturados, como el aceite de oliva o el aceite de girasol. Durante este proceso químico, conocido como ozonización, el ozono reacciona con los dobles enlaces de los ácidos grasos presentes en el aceite y genera diversos compuestos derivados de la oxidación lipídica.

Entre los productos que se forman durante esta reacción se encuentran ozónidos, lipoperóxidos, aldehídos y otros compuestos oxigenados, que constituyen los principales responsables de la actividad biológica atribuida a estos preparados.

Es importante señalar que, tras el proceso de ozonización, el producto final no contiene ozono libre. El ozono reacciona previamente con los lípidos del aceite y se transforma en compuestos más estables capaces de conservar su actividad durante periodos prolongados de tiempo.

Desde el punto de vista biológico, se ha propuesto que estos derivados oxidados pueden ejercer diferentes efectos cuando entran en contacto con tejidos biológicos o con el exudado de las heridas. Entre los mecanismos que se han planteado destacan:

actividad antimicrobiana frente a bacterias, hongos y algunos virus
estimulación de procesos de cicatrización y reparación tisular
modulación de la respuesta inflamatoria local
liberación de especies reactivas de oxígeno (ROS) que participan en procesos biológicos relacionados con la defensa frente a microorganismos

Diversos estudios experimentales y clínicos han evaluado el uso de aceites ozonizados en diferentes contextos clínicos, especialmente en dermatología, odontología y tratamiento de heridas, donde se han descrito efectos antimicrobianos y cicatrizantes.

No obstante, aunque estos preparados han mostrado actividad biológica en diferentes patologías cutáneas y procesos infecciosos, la evidencia científica disponible sobre su uso específico en la prevención de lesiones por presión es limitada, especialmente cuando se compara con otros productos tópicos empleados de forma habitual en este ámbito.

Formulación química y mecanismo de acción de los aceites ozonizados

Preparación de aceites en laboratorio representando el proceso de obtención de aceites ozonizados a partir de aceites vegetales.

Los aceites ozonizados se obtienen mediante la reacción del ozono (O₃) con aceites vegetales ricos en ácidos grasos insaturados, como el aceite de oliva o el aceite de girasol. Durante este proceso, el ozono reacciona con los dobles enlaces de los ácidos grasos y genera distintos productos de oxidación lipídica, entre los que se incluyen ozónidos, lipoperóxidos, aldehídos, cetonas y otros compuestos oxigenados.

Desde el punto de vista químico, la reacción se basa en la especial susceptibilidad de los ácidos grasos insaturados, sobre todo los poliinsaturados, a la acción oxidante del ozono. Como resultado, el aceite original modifica su composición y sus propiedades físicas, de manera que el producto final adquiere características diferentes a las del aceite de partida. Entre los cambios descritos se encuentran el aumento del índice de peróxidos, la modificación de la viscosidad y la aparición de compuestos derivados de la oxidación que constituyen la base de su actividad biológica.

Es importante señalar que, tras este proceso, el producto final no contiene ozono libre en sentido estricto. El ozono ha reaccionado previamente con los lípidos del aceite y se ha transformado en compuestos más estables, que pueden conservarse durante un tiempo prolongado en condiciones adecuadas de almacenamiento. Esta relativa estabilidad es una de las características que ha favorecido su desarrollo como preparado tópico.

No obstante, la composición final de un aceite ozonizado no es uniforme ni idéntica en todos los productos. Depende de múltiples factores relacionados con el proceso de fabricación, como el tipo de aceite utilizado, la concentración de ozono, el tiempo de reacción, la temperatura, el sistema de burbujeo y las condiciones de almacenamiento. Por ello, distintos aceites ozonizados pueden presentar composiciones químicas y perfiles biológicos diferentes.

En cuanto a su mecanismo de acción, no se considera completamente esclarecido. Sin embargo, se ha propuesto que, al entrar en contacto con el exudado de las heridas o con los fluidos cutáneos, algunos de los compuestos generados durante la ozonización pueden descomponerse y dar lugar a moléculas con actividad biológica, como lipoperóxidos, peróxido de hidrógeno y otras especies reactivas de oxígeno. A partir de ello se han planteado varios efectos potenciales: acción antimicrobiana, modulación de la respuesta inflamatoria local, estimulación de factores implicados en la reparación tisular y posible activación de mecanismos antioxidantes endógenos.

Por tanto, los aceites ozonizados deben entenderse como preparados tópicos derivados de un proceso de oxidación controlada de aceites vegetales, cuya actividad biológica depende de los productos formados durante la ozonización. Esta base química y mecanística los diferencia claramente de otros productos utilizados en el cuidado cutáneo, como los ácidos grasos hiperoxigenados, aunque en ocasiones ambos puedan coincidir en algunos contextos de uso clínico.

Aplicaciones clínicas descritas en la literatura

Diversos estudios experimentales y clínicos han evaluado el uso de aceites ozonizados en diferentes contextos médicos, especialmente en dermatología, odontología y tratamiento de heridas. Una revisión publicada en la Revista Española de Ozonoterapia recoge múltiples aplicaciones clínicas descritas en la literatura, incluyendo su uso en infecciones cutáneas, heridas crónicas, lesiones ulcerosas y otras patologías de origen infeccioso o inflamatorio.

En el ámbito dermatológico, los aceites ozonizados se han utilizado en el tratamiento de diversas infecciones cutáneas, como impétigo, micosis superficiales o onicomicosis. En algunos estudios clínicos se han observado tasas de respuesta clínica comparables a las obtenidas con tratamientos antimicrobianos convencionales, lo que ha despertado interés en su posible utilización como alternativa terapéutica en determinadas situaciones.

También se han descrito aplicaciones en el tratamiento de heridas y úlceras crónicas, donde se les atribuyen efectos antimicrobianos y potenciales propiedades favorecedoras de la cicatrización. Algunos estudios experimentales sugieren que estos preparados podrían estimular procesos implicados en la reparación tisular, como la liberación de factores de crecimiento o la activación de mecanismos antioxidantes locales.

En odontología, se han publicado estudios que analizan su utilización en patologías inflamatorias e infecciosas de la cavidad oral, como periodontitis, alveolitis o gingivoestomatitis. En estos contextos, los aceites ozonizados se han empleado principalmente por su posible actividad antimicrobiana y su efecto sobre los procesos de cicatrización de los tejidos.

En conjunto, la literatura describe un amplio abanico de posibles aplicaciones clínicas para los aceites ozonizados, especialmente relacionadas con su actividad antimicrobiana y su papel en procesos de cicatrización. Sin embargo, el grado de evidencia es variable según la indicación clínica y muchos estudios presentan tamaños muestrales reducidos o metodologías heterogéneas. Por ello, diversos autores señalan la necesidad de seguir investigando estos preparados para definir con mayor precisión su eficacia y sus indicaciones terapéuticas.

Ácidos grasos hiperoxigenados vs aceites ozonizados

abla comparativa entre ácidos grasos hiperoxigenados y aceites ozonizados en composición, mecanismo de acción y relación con la prevención de úlceras por presión (UPP).

Conclusión

Los ácidos grasos hiperoxigenados (AGHO) y los aceites ozonizados son productos tópicos diferentes tanto en su composición química como en su mecanismo de acción y en las indicaciones clínicas descritas en la literatura.

Los AGHO se han utilizado ampliamente en el ámbito asistencial como parte de las estrategias de prevención de las úlceras por presión, especialmente en pacientes con movilidad reducida o con factores de riesgo para el desarrollo de estas lesiones. Su uso se encuentra recogido en diversos protocolos y guías de práctica clínica relacionadas con el cuidado de la piel y la prevención de lesiones cutáneas asociadas a la presión.

Por su parte, los aceites ozonizados se obtienen mediante la reacción del ozono con aceites vegetales ricos en ácidos grasos insaturados, generando diferentes compuestos oxidados con actividad biológica. La literatura científica describe diversas aplicaciones clínicas de estos preparados, principalmente relacionadas con su actividad antimicrobiana y su posible papel en procesos de cicatrización, en ámbitos como la dermatología, la odontología o el tratamiento de heridas.

Sin embargo, aunque ambos productos se aplican de forma tópica sobre la piel y pueden utilizarse en el contexto del cuidado cutáneo, no deben considerarse equivalentes ni intercambiables. Su composición, su mecanismo de acción y el nivel de evidencia disponible para sus distintas indicaciones son diferentes.

Por este motivo, en la práctica clínica resulta importante diferenciar claramente ambos tipos de productos, evitando confusiones que puedan llevar a interpretaciones erróneas sobre su utilidad o sobre el respaldo científico existente para cada uno de ellos.

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Este artículo incluye un apartado adicional disponible únicamente para los socios de la Sociedad Española de Enfermería de Urgencias y Emergencias (SEEUE), en el que se analiza con mayor profundidad la evidencia científica y las recomendaciones clínicas relacionadas con estos productos.


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  • Revisión detallada de la evidencia científica sobre ácidos grasos hiperoxigenados.
  • Análisis crítico de estudios clínicos sobre prevención de úlceras por presión
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