Ante los mensajes que intentan presentar como exclusivos problemas que afectan al conjunto del sistema sanitario, SEEUE recuerda que la penosidad, las agresiones, la sobrecarga, la responsabilidad y la falta de reconocimiento también forman parte de la realidad diaria de la enfermería. Ninguna reivindicación profesional justifica el menosprecio a otra profesión sanitaria.
Una narrativa falsa sobre quién sostiene la sanidad
En los últimos meses estamos asistiendo a una serie de mensajes públicos que, bajo la apariencia de defender reivindicaciones profesionales legítimas, están proyectando sobre la sociedad una imagen profundamente distorsionada del sistema sanitario: la idea de que una sola profesión lo sostiene mientras las demás ocupan un lugar secundario, auxiliar o prescindible.
Esa narrativa no solo es injusta para la enfermería. Es falsa. La sanidad no funciona por compartimentos de superioridad profesional, sino por equipos interdependientes en los que cada profesión aporta competencias propias, responsabilidad y conocimiento específico.
Desde SEEUE respetamos el derecho de cualquier colectivo profesional a reclamar mejoras laborales, retributivas, organizativas o normativas. Cada profesión tiene sus propios espacios de negociación y sus propias demandas, y no corresponde a esta Sociedad entrar a valorar reivindicaciones específicas que pertenecen a otros ámbitos profesionales.
Pero sí nos corresponde responder cuando esas reivindicaciones se acompañan de mensajes que menosprecian a la enfermería o que intentan instalar en la opinión pública la idea de que solo una profesión sostiene el sistema sanitario.
La penosidad, las agresiones y la sobrecarga también son enfermeras
La penosidad no pertenece a una sola profesión. Tampoco la exposición a agresiones, la sobrecarga asistencial, la responsabilidad profesional o la falta de reconocimiento administrativo. Son problemas estructurales del sistema sanitario, y afectan de forma directa a la enfermería.
Agresiones: un problema de todo el sistema
En materia de agresiones, los datos oficiales del Ministerio de Sanidad son claros: en 2024 se notificaron 17.070 agresiones a profesionales del SNS. De ellas, el 33 % correspondieron a personal facultativo y el 29 % a personal de enfermería. Es decir, médicos y enfermeras concentran los porcentajes más altos, pero la violencia no se dirige contra una sola profesión: atraviesa al conjunto del sistema sanitario. Además, el informe señala que el perfil mayoritario de la persona agredida es una mujer y que predominan las notificaciones entre personal facultativo y de enfermería.

Déficit enfermero y sobrecarga asistencial
La sobrecarga asistencial tampoco es exclusiva de una categoría. España mantiene un déficit estructural de enfermeras. Los datos comparativos de la OCDE muestran que España se sitúa por encima de la media OCDE en médicos en ejercicio —4,4 por cada 1.000 habitantes frente a 3,9—, pero muy por debajo en enfermeras en ejercicio —5,9 por cada 1.000 habitantes frente a 9,2—.

El propio Ministerio de Sanidad estima que España necesitaría aumentar en torno a 100.000 enfermeras para alcanzar ratios europeos. Este déficit no es una cifra abstracta: se traduce en más pacientes por profesional, menos tiempo para cuidar, mayor presión asistencial, más dificultad para garantizar continuidad de cuidados y mayor riesgo para la seguridad del paciente.

Por tanto, cuando hablamos de sobrecarga, falta de recursos humanos y deterioro de la seguridad asistencial, la enfermería no puede aparecer como un actor secundario. La falta de enfermeras aumenta la presión sobre cada profesional, compromete la continuidad de cuidados, dificulta la vigilancia clínica, retrasa intervenciones, tensiona los servicios y reduce la capacidad real del sistema para atender con seguridad.
El Grupo A ya existe: la enfermería exige reconocimiento, no privilegios
También la falta de reconocimiento profesional afecta de lleno a la enfermería. No hace falta inventar un grupo nuevo para reconocer a las enfermeras: el Grupo A ya existe. El Estatuto Básico del Empleado Público establece que el Grupo A se divide en A1 y A2 y que, para acceder a este grupo, se exige estar en posesión de un título universitario de Grado.
La enfermería es hoy una profesión universitaria de Grado, con acceso a especialidad, máster, doctorado, investigación, docencia, gestión y práctica avanzada. Sin embargo, continúa arrastrando una clasificación administrativa procedente de la antigua división entre diplomaturas y licenciaturas, que ya no refleja adecuadamente su realidad académica, asistencial ni competencial.

La cuestión, por tanto, no es crear categorías excepcionales ni reclamar privilegios corporativos. Es corregir una incoherencia: la enfermería ya cumple el requisito académico del Grupo A, pero sigue soportando una clasificación que no se corresponde con su formación ni con su responsabilidad profesional.
La responsabilidad enfermera no es menor
La responsabilidad enfermera tampoco es menor. Las enfermeras valoran, priorizan, educan, previenen, identifican signos de alarma, detectan deterioro clínico, administran tratamientos con seguridad, monitorizan, coordinan cuidados, garantizan continuidad asistencial y toman decisiones dentro de su ámbito competencial.
En urgencias y emergencias, esta responsabilidad es diaria. El triaje, la atención inicial al paciente crítico, la vigilancia evolutiva, la administración segura de medicación, el soporte a procedimientos, la educación sanitaria, la coordinación de circuitos asistenciales y la detección precoz de complicaciones forman parte de la práctica enfermera habitual.
Ningún paciente crítico, ningún circuito de triaje, ningún box de reanimación, ninguna sala de observación, ninguna emergencia extrahospitalaria y ningún dispositivo de atención urgente puede entenderse sin la presencia, el juicio clínico y la competencia profesional de las enfermeras.
La seguridad del paciente no se protege enfrentando profesiones. Se protege con equipos bien dimensionados, bien formados, bien coordinados y mutuamente respetados.
Urgencias y emergencias
En urgencias y emergencias, la enfermería no es un apoyo accesorio. Es imprescindible para priorizar, vigilar, detectar deterioro, administrar tratamientos con seguridad, coordinar cuidados y sostener la continuidad asistencial.
Basta ya: la enfermería no es el recurso retórico de nadie
Por eso resulta inaceptable que se construya un relato público en el que una sola profesión aparece como víctima exclusiva del sistema mientras otras son invisibilizadas, subordinadas o directamente menospreciadas. La penosidad, las agresiones, la sobrecarga, la responsabilidad y la falta de reconocimiento son problemas reales. Pero no son patrimonio de una sola profesión.
No se puede reclamar reconocimiento profesional negando el reconocimiento de los demás. Y no se puede hablar de seguridad del paciente mientras se deteriora públicamente la confianza social en las enfermeras.
Resulta especialmente preocupante —y ya abiertamente inaceptable— que determinadas campañas y mensajes públicos intenten reforzar una posición corporativa mediante la desvalorización de otras profesiones sanitarias. La enfermería no va a aceptar ser utilizada como elemento de contraste, burla o sospecha para sostener reivindicaciones ajenas.
No somos el recurso retórico de nadie. No somos el ejemplo de lo que no es ciencia. No somos una profesión secundaria a la que se pueda menospreciar cada vez que otro colectivo necesita reforzar su relato de agravio.
La enfermería no es una amenaza para la medicina. Pero tampoco es una profesión subordinada a la medicina. No pretende ocupar competencias médicas, ni necesita hacerlo. Tiene las suyas propias, reconocidas legalmente, construidas sobre formación universitaria, evidencia científica, responsabilidad asistencial y presencia permanente en todos los niveles del sistema sanitario.
Lo que no vamos a normalizar es que, en pleno debate profesional y estatutario, se pretenda instalar en la sociedad la idea de que solo una profesión sostiene la sanidad mientras las demás acompañan, ayudan o estorban. Ese relato es falso, injusto y profundamente irresponsable. En un sistema sanitario tensionado, alimentar discursos de superioridad profesional no fortalece la sanidad: la deteriora.
Reivindicar no justifica degradar
Reivindicar derechos laborales es legítimo. Victimizarse invisibilizando a los demás no lo es. Reclamar reconocimiento profesional es legítimo. Hacerlo degradando a la enfermería no lo es. Defender competencias propias es legítimo. Presentar a las enfermeras como una fuente de confusión, intrusismo o desinformación es una falta de respeto institucional y profesional.
Quien quiera defender sus reivindicaciones laborales debe hacerlo con argumentos propios, no degradando a otras profesiones.
La sanidad se sostiene en equipo
La ciudadanía merece saber que cuando pregunta a una enfermera no está preguntando a una voz cualquiera. Está preguntando a una profesional sanitaria universitaria, regulada, con competencias propias, formación científica y responsabilidad directa en el cuidado, la educación para la salud, la prevención, la seguridad y la continuidad asistencial.
También merece saber que el sistema sanitario no funciona por jerarquías simbólicas ni por relatos de superioridad profesional. Funciona porque miles de profesionales distintos, con competencias distintas, sostienen cada día una misma finalidad: atender, cuidar, tratar, acompañar y proteger la salud de las personas.
La seguridad del paciente no se protege enfrentando profesiones. Se protege con equipos bien dimensionados, bien formados, bien coordinados y mutuamente respetados.
La sanidad no se sostiene sobre una sola profesión.
La enfermería exige respeto.
Y ese respeto no es negociable.