La reciente revisión publicada por Cochrane, basada en 82 estudios y más de 28.000 pacientes de 20 países, ha reactivado un debate que suele plantearse de forma simplista: si las enfermeras pueden sustituir a los médicos en el ámbito hospitalario.
La pregunta, formulada así, es técnicamente incorrecta.
La evidencia no habla de sustitución, sino de reorganización asistencial basada en competencias. En los estudios analizados, la atención prestada por enfermeras de práctica avanzada no se asoció a mayor mortalidad ni a peores resultados en seguridad o calidad de vida. En determinados procesos clínicos, especialmente en seguimiento y control protocolizado, los resultados fueron comparables e incluso ligeramente superiores en algunos indicadores.
Este dato no debe interpretarse como una confrontación profesional. El propio Consejo Internacional de Enfermería insiste en que el foco no está en reemplazar profesionales, sino en aprovechar plenamente el potencial formativo y competencial de cada uno dentro de modelos organizativos adecuados.
La enfermería actual es una profesión universitaria con grado, especialización, desarrollo investigador y creciente implantación de práctica avanzada. Ignorar esta evolución formativa mientras el sistema sanitario afronta envejecimiento poblacional, cronicidad creciente y déficit estructural de profesionales resulta difícilmente justificable desde una perspectiva de eficiencia.
En urgencias y emergencias este debate no es teórico. En muchos hospitales ya existen consultas enfermeras que realizan valoración clínica estructurada, activación de circuitos, seguimiento postalta y aplicación de protocolos de alta resolución. Sin embargo, estas experiencias siguen dependiendo más de la voluntad organizativa local que de un marco competencial ordenado.

La ausencia de una especialidad en Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias genera variabilidad, infrautilización del talento y falta de homogeneidad formativa. No se trata de ampliar competencias de forma arbitraria, sino de reconocer formalmente lo que ya se está desarrollando en muchos servicios con resultados seguros.
La revisión no cuestiona el liderazgo clínico del médico en el diagnóstico complejo o en la toma de decisiones de alta incertidumbre. Lo que señala es que, en tareas definidas y protocolizadas, con formación adecuada y soporte organizativo, la atención enfermera puede ser equivalente en resultados y segura para el paciente.
La discusión, por tanto, no es corporativa. Es estructural.
¿Estamos organizando el sistema sanitario en función de inercias históricas o en función de la evidencia disponible?
Desde la SEEUE defendemos un modelo multidisciplinar real, basado en competencias claramente definidas, con desarrollo reglado de práctica avanzada y con reconocimiento de la especialidad de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias como herramienta de calidad asistencial y sostenibilidad del sistema.
Reorganizar no es sustituir. Es optimizar.
Y la evidencia científica empieza a ser difícil de ignorar.