Los hemocultivos son una herramienta fundamental para detectar bacteriemia y orientar el tratamiento antimicrobiano, pero su utilidad depende en gran medida de cómo, cuándo y en qué condiciones se obtenga la muestra. Un volumen insuficiente, una antisepsia deficiente, una extracción mal identificada o realizada después de iniciar antibioterapia pueden reducir el rendimiento diagnóstico o favorecer resultados contaminados.
En Urgencias, donde el tiempo y la presión asistencial condicionan muchas decisiones, conocer qué factores afectan a la calidad del hemocultivo es esencial para obtener resultados realmente útiles para el diagnóstico y el tratamiento.
¿Cuándo debemos extraer hemocultivos en Urgencias?
Los hemocultivos no están indicados ante cualquier episodio febril. Su utilidad aumenta cuando existe sospecha clínica de bacteriemia, sepsis o una infección invasiva en la que conocer el microorganismo causal pueda modificar el tratamiento.
En Urgencias, deben plantearse especialmente ante situaciones como:
- sepsis o shock séptico;
- sospecha de endocarditis infecciosa;
- meningitis u otras infecciones graves del sistema nervioso central;
- pielonefritis complicada o infección urinaria con repercusión sistémica;
- neumonía grave o con criterios de ingreso en determinados pacientes;
- infecciones intraabdominales graves;
- artritis séptica u osteomielitis;
- infecciones profundas de piel y tejidos blandos;
- fiebre sin foco en pacientes inmunodeprimidos o con dispositivos intravasculares;
- escalofríos intensos, hipotensión u otros datos clínicos que hagan sospechar una bacteriemia.
La extracción de hemocultivos suele integrarse con la analítica urgente y la determinación precoz del lactato, especialmente cuando existe sospecha de hipoperfusión

La ausencia de fiebre no excluye bacteriemia o sepsis. En pacientes de edad avanzada, inmunodeprimidos o con determinadas comorbilidades, la presentación puede ser atípica y predominar signos como deterioro general, alteración del nivel de consciencia, hipotensión o descompensación aguda de una enfermedad previa.
Por tanto, la decisión de obtener hemocultivos debe apoyarse en el contexto clínico completo y en la probabilidad pretest de bacteriemia, no únicamente en una cifra de temperatura.
Fiebre no es sinónimo de hemocultivos. Sospecha de bacteriemia, sí.
Las herramientas de cribado pueden apoyar la valoración, pero no deben utilizarse de forma aislada para decidir o descartar la obtención de hemocultivos.
¿Antes o después del antibiótico?
Siempre que sea posible, los hemocultivos deben obtenerse antes de iniciar el tratamiento antimicrobiano. La razón es sencilla: una vez administrado el antibiótico, la cantidad de microorganismos viables en sangre puede disminuir y, con ello, reducirse la rentabilidad diagnóstica del hemocultivo.
En Urgencias, sin embargo, esta recomendación debe interpretarse con criterio clínico. Si el paciente presenta sepsis o shock séptico y la extracción de las muestras va a provocar un retraso significativo en el inicio del tratamiento, la antibioterapia no debe demorarse únicamente para completar los hemocultivos.
La secuencia ideal es, por tanto:
sospecha de infección grave → extracción rápida de hemocultivos → inicio inmediato de antibioterapia.
Cuando el paciente ya ha recibido antibióticos antes de la extracción, los hemocultivos siguen pudiendo ser útiles, pero es importante registrar esta circunstancia porque puede influir en su interpretación posterior.
La obtención de hemocultivos forma parte de las actuaciones iniciales que deben coordinarse tras la activación del Código Sepsis.
En la práctica, una buena coordinación entre Enfermería y el equipo médico permite obtener las muestras con rapidez sin convertir el hemocultivo en un obstáculo para el tratamiento urgente.

Hemocultivos antes del antibiótico, sí.
Retrasar un antibiótico urgente para obtenerlos, no
¿Todos los frascos de hemocultivo son iguales?

No. La elección del frasco depende del tipo de microorganismo que se pretende recuperar y del sistema automatizado utilizado por el laboratorio. Los medios comerciales actuales están diseñados para favorecer el crecimiento de diferentes grupos de microorganismos y, en algunos casos, incorporar sustancias capaces de neutralizar parte de los antimicrobianos presentes en la sangre.

¿Y los hongos?

Micrografía de Candida albicans. Autor: Y tambe, vía Wikimedia Commons. Licencia: GFDL.
Muchos sistemas convencionales de hemocultivo pueden detectar levaduras, especialmente Candida spp., utilizando los propios frascos aerobios. Sin embargo, determinados laboratorios disponen también de medios específicos para levaduras y hongos, especialmente cuando existe sospecha de fungemia persistente, infección por hongos de crecimiento lento o circunstancias clínicas concretas.
Los fabricantes de sistemas automatizados disponen de formulaciones específicas dirigidas a levaduras, hongos y micobacterias, además de los medios aerobios y anaerobios convencionales.
Micobacterias: otro sistema diferente
Cuando se sospecha micobacteriemia, por ejemplo en determinadas infecciones por micobacterias no tuberculosas o en pacientes inmunodeprimidos, se utilizan frascos y medios específicamente diseñados para micobacterias.
Estos sistemas no deben confundirse con el hemocultivo bacteriano convencional. Incorporan medios que permiten mantener y detectar microorganismos con requerimientos metabólicos y velocidades de crecimiento muy diferentes a los de las bacterias habituales.
¿Existen «hemocultivos para virus»?
No en el sentido habitual del término.
Los virus no crecen en los frascos aerobios o anaerobios utilizados para bacterias y hongos. Cuando se sospecha una infección viral con viremia, el diagnóstico suele realizarse mediante técnicas como PCR u otras pruebas moleculares, detección de antígenos o serología, dependiendo del virus y del momento de la infección.

El cultivo viral, cuando está indicado, requiere cultivos celulares especializados y actualmente tiene un papel mucho más limitado en el diagnóstico clínico rutinario.
Por eso, solicitar un «hemocultivo para virus» no equivale a seleccionar otro color de frasco: implica otro tipo de muestra, otro medio y otra metodología diagnóstica.
Hemocultivos en sepsis: cómo extraerlos correctamente en urgencias y evitar errores
En un paciente con sospecha de sepsis, obtener un hemocultivo no consiste simplemente en llenar dos frascos de sangre. El resultado microbiológico dependerá en gran medida de cuándo se extraiga la muestra, cuánto volumen de sangre se inocule y, sobre todo, de cómo se realice la técnica.
Un hemocultivo contaminado puede conducir a interpretaciones erróneas, repetición de pruebas, utilización innecesaria de antibióticos y prolongación de la estancia hospitalaria. Por el contrario, un hemocultivo correctamente obtenido puede identificar el microorganismo responsable de la bacteriemia y permitir ajustar posteriormente el tratamiento antimicrobiano.
En urgencias, enfermería ocupa una posición decisiva en todo este proceso.
¿Cuándo deben obtenerse los hemocultivos en un paciente con sospecha de sepsis?
Las recomendaciones de la Surviving Sepsis Campaign 2026 indican que los hemocultivos deben obtenerse lo antes posible e idealmente antes de administrar el tratamiento antimicrobiano.
La expresión idealmente antes es importante.
El objetivo es obtener las muestras antes de que los antibióticos reduzcan la posibilidad de detectar el microorganismo causante, pero la extracción de los hemocultivos no debe convertirse en una causa de demora injustificada del tratamiento antibiótico, especialmente en el paciente con shock séptico.
En la práctica de urgencias esto implica organizar las actuaciones de forma prácticamente simultánea:
reconocimiento de la sepsis → acceso vascular y analítica → hemocultivos → antibioterapia precoz.
No es necesario esperar a que aparezca un pico febril. La bacteriemia no coincide necesariamente con la fiebre y retrasar la extracción esperando una nueva elevación de temperatura puede suponer una pérdida de tiempo sin mejorar el rendimiento diagnóstico. Pero esto plantea una pregunta muy frecuente en urgencias: ¿está justificado obtener hemocultivos cuando el paciente está afebril?
La decisión debe integrarse en la valoración global del paciente con sospecha de sepsis y en su evolución clínica.
¿Tiene sentido hacer hemocultivos “en frío”?
Los llamados “hemocultivos en frío”, obtenidos cuando el paciente no presenta fiebre, son una fuente frecuente de discusión en urgencias.
A veces se parte de dos posiciones opuestas: considerar que sin fiebre nunca está justificado extraer hemocultivos, o asumir que, si se han solicitado, necesariamente existe una indicación correcta.
Ninguna de las dos afirmaciones es cierta.

La ausencia de fiebre no excluye una bacteriemia ni una sepsis. Las recomendaciones actuales de la Surviving Sepsis Campaign 2026 indican obtener hemocultivos lo antes posible ante una sepsis posible, probable o confirmada o un shock séptico, idealmente antes de administrar antimicrobianos. La presencia de fiebre en el momento de la extracción no forma parte de esa condición.
Por tanto, puede estar perfectamente justificado obtener hemocultivos en un paciente afebril cuando existen datos clínicos que hacen razonable sospechar bacteriemia o sepsis.
Pero “puede estar justificado” no significa “siempre está justificado”.
También se solicitan hemocultivos con una probabilidad muy baja de bacteriemia, como parte de baterías diagnósticas poco dirigidas o sin que su resultado vaya a modificar razonablemente la conducta clínica. En esos casos, cuestionar la indicación no significa negarse a realizar la técnica, sino plantear una discusión clínica pertinente sobre la utilidad de la prueba.

Y el razonamiento funciona también en sentido contrario: La fiebre puede acompañar a numerosas infecciones localizadas que presentan una probabilidad baja de bacteriemia y en las que el resultado del hemocultivo difícilmente modificará el manejo clínico.
De hecho, cuando los hemocultivos se solicitan de forma indiscriminada únicamente por la presencia de fiebre, su rendimiento diagnóstico es bajo; en algunos estudios realizados en pacientes adultos hospitalizados, solo alrededor del 2 % de los hemocultivos solicitados por fiebre detectaron una bacteriemia. Fuente: estudio original disponible aquí.
Por tanto, antes de solicitar un hemocultivo no basta con preguntarse si el paciente tiene fiebre. Hay que valorar el contexto clínico, el foco sospechado, la gravedad, los factores de riesgo y la probabilidad de que exista una infección del torrente sanguíneo.
Además, pedir hemocultivos cuando la probabilidad previa de bacteriemia es muy baja no es una actuación inocua. Cada extracción introduce la posibilidad de contaminación y, si un contaminante crece en el cultivo, puede generar nuevas pruebas, tratamiento antibiótico innecesario y prolongación de la estancia hospitalaria. El CDC identifica precisamente estos efectos entre las consecuencias de los falsos positivos por contaminación. Fuente: CDC – prevención de la contaminación de hemocultivos.
La fiebre puede aumentar la sospecha, pero no establece por sí sola la indicación del hemocultivo; del mismo modo, su ausencia tampoco la descarta.
Una vez establecida la indicación, el siguiente punto clave es obtener un número adecuado de muestras para maximizar el rendimiento diagnóstico y facilitar la interpretación de los resultados.
¿Cuántos hemocultivos deben extraerse?
En el adulto con sospecha de bacteriemia o sepsis, habitualmente deben obtenerse al menos dos sets de hemocultivos. Cada set suele incluir un frasco aerobio y otro anaerobio, aunque el número exacto de frascos puede depender del sistema utilizado y del volumen recomendado por el laboratorio.
Por tanto, en la práctica habitual de urgencias, la extracción inicial suele traducirse en:
- dos sets de hemocultivos;
- obtenidos mediante dos venopunciones periféricas diferentes;
- con un volumen adecuado de sangre en cada set.
La obtención de varios sets tiene una doble finalidad: aumentar la sensibilidad para detectar una bacteriemia y ayudar a distinguir una bacteriemia verdadera de una posible contaminación.
¿Y los tres hemocultivos separados 20–30 minutos?
Durante años fue habitual enseñar que debían obtenerse tres hemocultivos, dejando aproximadamente 20–30 minutos entre una extracción y la siguiente.
Esta práctica estaba relacionada con la idea de que la bacteriemia podía ser intermitente y que espaciar las extracciones aumentaría la posibilidad de detectar el microorganismo circulante.
Sin embargo, actualmente sabemos que el rendimiento diagnóstico depende mucho más del volumen total de sangre obtenido y del número adecuado de sets que de esperar un intervalo determinado entre las extracciones.
Por este motivo, en el paciente con sospecha de sepsis no es necesario esperar 20 o 30 minutos entre un set y el siguiente.
Los dos sets pueden obtenerse de dos puntos de venopunción diferentes de forma consecutiva o prácticamente simultánea.

Esto tiene especial importancia en urgencias. Esperar deliberadamente 20–30 minutos entre cada extracción podría retrasar innecesariamente el inicio del tratamiento antimicrobiano, mientras que las recomendaciones actuales de la Surviving Sepsis Campaign 2026 indican obtener los hemocultivos lo antes posible e idealmente antes de administrar los antimicrobianos.
Por tanto, ante un paciente con sospecha de sepsis, una secuencia perfectamente válida sería:
primera venopunción → primer set → segunda venopunción → segundo set → inicio de antibioterapia
sin necesidad de introducir un tiempo de espera artificial entre ambas extracciones.
Esto no significa que todas las situaciones clínicas requieran exactamente la misma estrategia. En determinadas circunstancias, como la sospecha de endocarditis infecciosa u otras infecciones endovasculares, pueden estar indicados un número diferente de sets o una estrategia específica de obtención, que deberá ajustarse al protocolo correspondiente.
Idea clave: en la sepsis, no hay que esperar 20–30 minutos entre los dos sets de hemocultivos. Lo importante es obtener suficientes muestras, de puntos diferentes, con un volumen adecuado y sin retrasar innecesariamente el tratamiento antimicrobiano.
El volumen importa más de lo que parece
Uno de los errores más frecuentes en la obtención de hemocultivos es llenar insuficientemente los frascos. Y no se trata de una cuestión estética ni de cumplir una marca de llenado: el volumen de sangre obtenido es uno de los principales determinantes de la sensibilidad del hemocultivo.
En el adulto, la cantidad de microorganismos presentes en sangre durante una bacteriemia puede ser muy baja. Esto significa que una muestra pequeña puede, sencillamente, no contener ningún microorganismo aunque el paciente presente una bacteriemia real.
Por eso, cuanto mayor sea el volumen de sangre cultivado —dentro de los límites recomendados para cada sistema—, mayor será la probabilidad de detectar el microorganismo responsable.

Como referencia práctica, actualmente se recomienda obtener aproximadamente:
10 ml de sangre por frasco
lo que supone habitualmente:
10 ml en el frasco aerobio + 10 ml en el frasco anaerobio = 20 ml por set
y, si se obtienen dos sets:
aproximadamente 40 ml de sangre en total.
Estas cifras deben adaptarse siempre a las especificaciones del sistema de hemocultivo utilizado en cada centro y a las marcas de llenado indicadas por el fabricante.
¿Qué ocurre si obtenemos menos sangre?
Un hemocultivo insuficientemente lleno no es simplemente un hemocultivo “menos completo”.
Disminuye su sensibilidad.
Si hay pocos microorganismos circulando en sangre, reducir el volumen de la muestra disminuye también la probabilidad de que alguno de ellos llegue al frasco y pueda crecer posteriormente en el laboratorio.
Por este motivo, una muestra negativa obtenida con un volumen insuficiente proporciona menos seguridad para descartar una bacteriemia que una muestra obtenida con el volumen recomendado.
En otras palabras:
menos sangre → menor probabilidad de capturar el microorganismo → mayor riesgo de un hemocultivo falsamente negativo.
¿Y si el paciente tiene una venopunción muy difícil?
En urgencias no siempre es posible obtener 20 ml de sangre de cada punto de venopunción.
Pacientes con acceso vascular difícil, hipotensión, vasoconstricción periférica, obesidad, edema, antecedentes de múltiples venopunciones o determinadas enfermedades crónicas pueden convertir una extracción aparentemente sencilla en un verdadero problema.
En estas situaciones, el objetivo continúa siendo obtener el volumen recomendado, pero no debemos convertir una extracción difícil en una sucesión interminable de punciones ni retrasar actuaciones urgentes para alcanzar una cifra perfecta.
Si no es posible obtener el volumen previsto, es preferible:
- obtener el mayor volumen de sangre posible de forma segura;
- respetar las indicaciones de volumen mínimo y máximo del sistema utilizado;
- completar, cuando sea posible, un segundo set mediante otra venopunción;
- y evitar repartir un volumen muy escaso entre demasiados frascos si eso provoca que todos queden insuficientemente llenos.

El laboratorio y el protocolo del centro deben determinar cómo distribuir una muestra cuando el volumen disponible es limitado, porque los sistemas de hemocultivo no son todos iguales.
Lo importante es entender que un frasco con menos volumen puede seguir siendo útil, pero tendrá menor rendimiento diagnóstico que uno correctamente llenado.
Por tanto, si solo conseguimos 5 o 6 ml en una extracción difícil, la respuesta no es desechar automáticamente la muestra ni asumir que “no sirve”. Debemos inocularla de acuerdo con el protocolo del sistema utilizado y, si la situación clínica lo permite, intentar completar posteriormente el volumen o el segundo set.
Ni quedarse corto ni sobrellenar
Más sangre no significa llenar el frasco sin límite.
Los frascos de hemocultivo contienen una cantidad determinada de medio de cultivo y están diseñados para trabajar con una relación específica entre sangre y medio.
Por ello, también debe evitarse el sobrellenado.
Siempre deben respetarse las marcas del frasco y las recomendaciones del fabricante.
Idea clave: el volumen de sangre no es un detalle técnico secundario. En el adulto, obtener aproximadamente 8–10 ml por frasco aumenta la probabilidad de detectar una bacteriemia; cuando no es posible alcanzar ese volumen, debemos obtener la mayor cantidad segura posible sin retrasar la atención urgente y teniendo presente que un menor volumen reduce el rendimiento diagnóstico.
¿De dónde deben extraerse los hemocultivos?
La técnica de elección para obtener hemocultivos en el adulto es la venopunción periférica directa.
No se trata únicamente de una cuestión de protocolo. Las muestras obtenidas mediante venopunción presentan, en general, menor riesgo de contaminación que las extraídas a través de un catéter intravascular previamente colocado.
Siempre que sea posible, los sets deben obtenerse mediante venopunciones periféricas diferentes. Esto aporta dos ventajas:
- reduce la probabilidad de que ambos sets se contaminen por la misma manipulación;
- facilita la interpretación posterior cuando crece un microorganismo que también puede formar parte de la flora cutánea.
Por este motivo, obtener dos sets a partir de una única extracción no aporta exactamente la misma información microbiológica que obtenerlos desde dos puntos independientes.
¿Podemos aprovechar una vía periférica recién canalizada?
En urgencias es frecuente aprovechar el momento de canalización de una vía venosa periférica para obtener analítica y hemocultivos.
Puede realizarse siempre que la muestra se obtenga en el momento de la inserción, antes de administrar medicación o fluidoterapia y manteniendo una técnica de antisepsia rigurosa.
Esto es diferente de extraer posteriormente un hemocultivo desde una vía periférica que ya lleva tiempo colocada.
Una vía previamente utilizada ha sufrido manipulaciones, conexiones y desconexiones y puede estar colonizada, por lo que aumenta el riesgo de introducir microorganismos ajenos a la bacteriemia real y obtener un resultado contaminado.
¿Y desde un catéter venoso central?
Los hemocultivos no deben obtenerse rutinariamente desde un catéter venoso central únicamente porque resulte más cómodo o porque el paciente tenga un acceso vascular difícil.
Las muestras extraídas desde catéter presentan mayor riesgo de contaminación y pueden reflejar microorganismos presentes en el propio dispositivo sin que necesariamente exista una bacteriemia sistémica.
Existe, sin embargo, una excepción importante:
la sospecha de infección relacionada con el catéter.
En ese contexto, la extracción desde el dispositivo deja de ser un problema y pasa a formar parte de la estrategia diagnóstica.
Habitualmente se obtienen de forma simultánea:
- un set desde una vena periférica;
- y otro set desde el catéter sospechoso.
Para poder comparar ambos resultados de forma válida, es importante que las muestras se obtengan al mismo tiempo y con volúmenes similares.
El laboratorio puede analizar posteriormente no solo qué microorganismo crece, sino también cuánto tarda en positivizarse cada muestra.
Cuando el hemocultivo obtenido desde el catéter se positiviza claramente antes que el obtenido por vía periférica, puede aumentar la sospecha de que el dispositivo sea el origen de la bacteriemia.
¿Por qué importa tanto el punto de extracción?
El lugar desde el que se obtiene la sangre no es un detalle administrativo.
Forma parte de la interpretación microbiológica del resultado.
Por eso debe registrarse correctamente:
- si la muestra procede de venopunción periférica;
- si procede de un catéter;
- y, cuando sea relevante, de qué luz del dispositivo se ha obtenido.
Un resultado positivo pierde parte de su valor diagnóstico si posteriormente no podemos saber de dónde procedía realmente esa muestra.
Idea clave: la venopunción periférica es la técnica de referencia. Extraer desde una vía o catéter previamente utilizado no debe hacerse por comodidad; se reserva fundamentalmente para situaciones en las que el propio dispositivo forma parte de la sospecha diagnóstica.
Cuando sospechamos una infección relacionada con el catéter
Cuando el propio dispositivo intravascular puede ser el origen de la bacteriemia, la interpretación de los hemocultivos se vuelve más compleja.
En estos casos no basta con saber si un frasco es positivo o negativo. Puede ser necesario comparar muestras obtenidas de forma simultánea desde el catéter y desde una vena periférica y analizar, entre otros aspectos, qué microorganismo crece y cuánto tarda en positivizarse cada muestra.
Esta estrategia permite intentar responder a una pregunta clínica fundamental:
¿El microorganismo está circulando por la sangre o el catéter constituye realmente el foco de la infección?
La interpretación correcta requiere conocer varios conceptos específicos:
- qué es el diferencial de tiempo hasta la positividad;
- qué significado tiene que la muestra del catéter se positivice antes que la periférica;
- por qué las dos muestras deben contener volúmenes comparables;
- qué hacer cuando el catéter tiene varias luces;
- cuándo está indicado cultivar cada una de ellas;
- qué utilidad tiene el cultivo de la punta del catéter;
- y por qué un hemocultivo positivo obtenido desde una vía no demuestra por sí solo una infección relacionada con el catéter.
A continuación desarrollamos estos aspectos y su aplicación práctica en urgencias.
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`En urgencias: 6 preguntas antes de extraer hemocultivos
Antes de iniciar la técnica, conviene detenerse unos segundos y comprobar que la estrategia de obtención es adecuada. En urgencias, gran parte de la calidad del hemocultivo se decide antes de que la sangre entre en el frasco.
1. ¿Existe una indicación clínica razonable?
La presencia o ausencia de fiebre no debe utilizarse como único criterio.
La pregunta relevante es si existe una sospecha clínica suficiente de bacteriemia, sepsis o infección sistémica que justifique la obtención de hemocultivos y haga probable que su resultado pueda modificar el manejo del paciente.
2. ¿Debemos obtenerlos antes del antimicrobiano?
Siempre que sea posible, los hemocultivos deben obtenerse antes de iniciar el tratamiento antimicrobiano, porque la administración previa de antibióticos puede reducir su rendimiento microbiológico.
Sin embargo, en el paciente con sepsis o shock séptico, la extracción no debe convertirse en una causa de retraso injustificado del tratamiento.
3. ¿Cuántos sets necesitamos?
En el adulto, la estrategia inicial habitual consiste en obtener al menos dos sets de hemocultivos, cada uno formado generalmente por un frasco aerobio y otro anaerobio.
El objetivo no es únicamente aumentar la sensibilidad diagnóstica. Obtener muestras independientes también ayuda posteriormente a diferenciar una bacteriemia verdadera de una posible contaminación.
4. ¿Es necesario esperar entre ellos?
No de forma rutinaria.
En el paciente con sospecha de sepsis, los dos sets pueden obtenerse de dos puntos diferentes de forma consecutiva o prácticamente simultánea.
No existe necesidad de mantener de manera sistemática los antiguos intervalos de 20–30 minutos entre extracciones, especialmente si ello puede retrasar el inicio de la antibioterapia.
5. ¿Qué volumen debemos intentar obtener?
En adultos, el volumen de sangre cultivado es uno de los principales factores que determinan la sensibilidad del hemocultivo.
Como referencia práctica, deben intentarse obtener aproximadamente 8–10 ml por frasco, respetando siempre las especificaciones del sistema utilizado en cada centro.
Cuando el acceso vascular es difícil y no puede alcanzarse el volumen recomendado, debe obtenerse la mayor cantidad segura posible, teniendo presente que un menor volumen reduce el rendimiento diagnóstico.
6. ¿De qué puntos deben extraerse?
Siempre que sea posible, la técnica de referencia es la venopunción periférica, utilizando puntos diferentes para cada set.
La extracción desde un catéter previamente utilizado no debe realizarse simplemente por comodidad. Se reserva fundamentalmente para situaciones en las que exista una sospecha específica de infección relacionada con el dispositivo o cuando el protocolo microbiológico así lo contemple.
Estas seis preguntas permiten resolver la primera parte del problema: cuándo obtener los hemocultivos, cuántos necesitamos, qué volumen debemos conseguir y desde dónde debemos extraerlos.
Pero todavía queda una segunda parte igual de importante.
Saber cuándo, cuántos y de dónde obtener los hemocultivos es solo la primera mitad del proceso. En la siguiente entrada veremos cómo realizar la extracción correctamente, qué antiséptico utilizar, qué frasco llenar primero, cómo actuar cuando además necesitamos una analítica y qué errores aumentan el riesgo de contaminación de la muestra.