Los mosquitos y las enfermedades emergentes en España han adquirido una importancia creciente en los últimos años. La expansión de determinadas especies, los viajes internacionales y unas condiciones ambientales favorables para su supervivencia han aumentado la importancia de la vigilancia de estos vectores.
Desde el punto de vista sanitario, no todos los mosquitos tienen la misma relevancia. En España, buena parte de la vigilancia se centra actualmente en los géneros Aedes y Culex. Ambos pueden transmitir enfermedades diferentes y presentan ciclos epidemiológicos también distintos. El Plan Nacional de Prevención, Vigilancia y Control de las Enfermedades Transmitidas por Vectores establece actuaciones específicas para ambos grupos.
Aedes
Mosquitos invasores con especial importancia sanitaria
Principales enfermedades:
Dengue
Chikungunya
Zika
Fiebre amarilla
En España, Aedes albopictus —el conocido mosquito tigre— tiene especial relevancia por su capacidad para intervenir en la transmisión de dengue, chikungunya y zika. El Plan Nacional contempla además medidas específicas ante la introducción de Aedes aegypti y Aedes japonicus.
Culex
Mosquitos vinculados a ciclos de transmisión diferentes
Principales enfermedades:
Fiebre del Nilo Occidental
Infección por virus Usutu
Los mosquitos del género Culex son los principales vectores implicados en la transmisión del virus del Nilo Occidental, una enfermedad emergente en España. También pueden intervenir en la transmisión del virus Usutu.
Una idea importante
La presencia de un mosquito capaz de transmitir una enfermedad no significa que esa enfermedad esté circulando en el territorio. El riesgo depende de varios factores: que exista un vector competente, que el patógeno esté presente y que coincidan las condiciones epidemiológicas y ambientales necesarias para que se produzca transmisión local. El Plan Nacional de Prevención, Vigilancia y Control de las Enfermedades Transmitidas por Vectores establece precisamente distintos escenarios de actuación según la presencia del vector, la detección del patógeno y la aparición de casos humanos o animales.
Mosquitos y enfermedades emergentes en España: situación en 2026
En España, la vigilancia de las enfermedades transmitidas por mosquitos se mantiene activa durante todo el año y se intensifica en los meses de mayor actividad vectorial. En 2026, el Ministerio de Sanidad realiza un seguimiento específico tanto de los casos importados de dengue, chikungunya y zika como de la temporada de fiebre del Nilo Occidental.
La situación epidemiológica no es homogénea en todo el territorio. La presencia y distribución de los mosquitos vectores, las condiciones climáticas y la llegada de personas infectadas desde zonas con transmisión activa determinan que el riesgo sea diferente en la Península, Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla. Por eso, además de vigilar los casos humanos, el Plan Nacional incorpora vigilancia entomológica y actuaciones específicas según el vector detectado y el escenario epidemiológico.
Península
Vectores de interés: Aedes albopictus y mosquitos del género Culex.
Situación epidemiológica: Existe riesgo de introducción de dengue, chikungunya y zika a partir de casos importados en áreas donde está establecido el mosquito tigre. Además, el virus del Nilo Occidental mantiene circulación estacional en distintas zonas de la Península y es objeto de vigilancia humana, animal y entomológica.
Vigilancia prioritaria: Casos importados por Aedes, posible transmisión autóctona y fiebre del Nilo Occidental.
Baleares
Vector de interés: Aedes albopictus (mosquito tigre), establecido en el archipiélago.
Situación epidemiológica: La presencia estable del mosquito tigre hace posible la transmisión local de dengue, chikungunya o zika si coincide con la llegada de una persona infectada en fase virémica. El riesgo aumenta durante los meses de mayor actividad del vector.
Vigilancia prioritaria: Casos importados de arbovirosis y detección precoz de una posible transmisión autóctona.
Canarias
Vectores de interés: Vigilancia específica de Aedes aegypti y otros mosquitos invasores.
Situación epidemiológica: Canarias mantiene una vigilancia entomológica reforzada por el riesgo de introducción y establecimiento de mosquitos capaces de transmitir dengue, zika y chikungunya. En los últimos años se han detectado episodios puntuales de presencia de Aedes aegypti, que han motivado actuaciones de control y seguimiento intensivo.
Vigilancia prioritaria: Detección precoz de mosquitos invasores, control de focos y seguimiento de casos importados de arbovirosis.
Ceuta
Vector de interés: Aedes albopictus (mosquito tigre) y vigilancia de otros mosquitos de interés sanitario.
Situación epidemiológica: Ceuta detectó por primera vez la presencia de mosquito tigre en 2022 y mantiene vigilancia específica para conocer su distribución y controlar posibles focos. En la campaña de 2025 se instalaron 28 estaciones de muestreo y 104 trampas. Hasta esa fecha no se habían detectado casos autóctonos ni importados de dengue, chikungunya o zika en la ciudad.
Vigilancia prioritaria: Detección y control del mosquito tigre, vigilancia de casos de dengue, chikungunya y zika y coordinación con el Plan Nacional de enfermedades transmitidas por vectores
Melilla
Vector de interés: Aedes aegypti y vigilancia de otros mosquitos de interés sanitario.
Situación epidemiológica: Melilla detectó por primera vez la presencia de Aedes aegypti en 2017. Desde entonces mantiene vigilancia entomológica y actuaciones de control para detectar y eliminar posibles focos. La presencia de este mosquito supone un riesgo potencial de transmisión local de dengue, chikungunya y zika si coinciden el vector y un caso importado de alguna de estas arbovirosis.
Vigilancia prioritaria: Detección precoz y control de Aedes aegypti, vigilancia de casos importados de dengue, chikungunya y zika y coordinación con el Plan Nacional de enfermedades transmitidas por vectores.
¿Qué ocurre cuando aparece un caso?
La detección de una arbovirosis no termina con el diagnóstico del paciente. Desde el punto de vista de la salud pública, un caso puede requerir una actuación coordinada que combine vigilancia epidemiológica, diagnóstico microbiológico y vigilancia entomológica, especialmente cuando en el territorio está presente un vector capaz de transmitir la infección.
En enfermedades transmitidas por Aedes, como dengue, chikungunya o zika, conocer dónde ha permanecido el paciente durante el periodo potencialmente virémico resulta especialmente importante. La investigación epidemiológica reconstruye los viajes realizados, la fecha de inicio de los síntomas y los desplazamientos durante ese intervalo, con el objetivo de identificar los lugares en los que una persona infectada pudo haber estado expuesta a mosquitos vectores.
La confirmación microbiológica y la clasificación epidemiológica del caso permiten determinar qué medidas son necesarias. Cuando existe posibilidad de transmisión local, la vigilancia humana se complementa con vigilancia entomológica: búsqueda del vector, valoración de su presencia y distribución y localización de posibles criaderos. Si el riesgo lo justifica, pueden ponerse en marcha actuaciones focales para reducir la población adulta y eliminar los lugares de cría.
La rapidez es especialmente importante cuando se sospecha transmisión autóctona. La notificación permite coordinar la investigación epidemiológica, el diagnóstico de laboratorio y las actuaciones sobre el vector, con un objetivo fundamental: interrumpir una posible cadena de transmisión antes de que aparezcan nuevos casos.
Esta integración entre asistencia sanitaria, microbiología, epidemiología y control vectorial constituye una de las principales herramientas de prevención. Un caso importado no significa que exista transmisión local, pero sí puede desencadenar actuaciones de vigilancia cuando se detecta en una zona en la que está presente un vector competente.
¿Qué tiene que ocurrir para que haya transmisión autóctona?
Para que aparezca transmisión autóctona no basta con que una persona infectada llegue a España. El virus necesita encontrar unas condiciones muy concretas que le permitan pasar desde ese primer caso hasta otra persona. En términos epidemiológicos, deben coincidir un huésped infectado, un vector competente, unas condiciones ambientales favorables y suficiente contacto entre ambos.
El primer elemento es una persona que presente viremia, es decir, que tenga una concentración de virus en sangre suficiente para infectar a un mosquito que la pique. En el dengue, por ejemplo, la viremia puede alcanzar niveles elevados incluso desde el día anterior al comienzo de los síntomas y mantenerse durante varios días. Esto explica por qué una persona aparentemente poco sintomática puede formar parte de una cadena de transmisión.
Pero tampoco sirve cualquier mosquito. Debe tratarse de una especie competente para ese virus. En Europa, Aedes albopictus tiene capacidad para transmitir dengue y chikungunya, mientras que Aedes aegypti es un vector especialmente eficiente de dengue, chikungunya y zika. La mera presencia del mosquito, por tanto, no implica automáticamente que vaya a producirse transmisión: tiene que coincidir con el virus adecuado y en el momento adecuado.
Cuando el mosquito pica a una persona virémica, el virus debe atravesar todavía otro obstáculo: necesita multiplicarse dentro del propio mosquito, alcanzar sus glándulas salivales y convertirlo en un vector capaz de infectar a otra persona. Este intervalo se denomina periodo de incubación extrínseca. En el dengue puede durar aproximadamente entre 8 y 12 días a temperaturas ambientales de 25–28 °C, aunque su duración depende, entre otros factores, de la temperatura. (OMS, 2025)
En definitiva, la transmisión autóctona exige una auténtica coincidencia espacio-temporal:
persona virémica + mosquito competente y activo + condiciones ambientales favorables + tiempo suficiente para que el virus se desarrolle en el vector + nuevas oportunidades de picadura.
Aquí entra en juego el ambiente. La temperatura influye tanto en la actividad y supervivencia del mosquito como en la velocidad de replicación del virus en su interior. Para la transmisión de dengue por Aedes albopictus en zonas templadas del hemisferio norte, el ECDC (European Centre for Disease Prevention and Control) sitúa las condiciones térmicas óptimas aproximadamente entre 24 y 26 °C, aunque la transmisión puede ser posible dentro de un intervalo más amplio. Por eso el riesgo no es uniforme durante todo el año y aumenta durante los periodos en los que coinciden altas densidades de mosquitos y temperaturas favorables.
Que exista Aedes albopictus en una zona no significa, por sí solo, que vaya a producirse un brote. Pero cuando todos esos elementos coinciden, un caso importado puede convertirse en el inicio de una cadena de transmisión local. Precisamente por eso la vigilancia epidemiológica y entomológica intenta detectar y romper esa cadena antes de que se establezca.
¿Cuál es el riesgo real en España?
El riesgo de transmisión autóctona de arbovirosis en España existe, pero no es uniforme ni constante. Depende del territorio, de la presencia y abundancia del vector, de la época del año, de las condiciones ambientales y de la llegada de personas infectadas durante el periodo de viremia. Por eso no tiene sentido hablar de un único nivel de riesgo para todo el país.
La expansión de Aedes albopictus es uno de los elementos que más ha modificado este escenario. En abril de 2026, el ECDC consideraba esta especie establecida en 33 de las 59 unidades territoriales españolas empleadas en su sistema de vigilancia. Su presencia crea las condiciones necesarias para que puedan aparecer episodios de transmisión local de dengue, chikungunya o zika cuando el virus es introducido en una zona y coincide con actividad vectorial suficiente.
Esto no significa que la presencia del mosquito tigre implique automáticamente la aparición de brotes. De hecho, el dengue continúa sin ser endémico en la Europa continental y la gran mayoría de los casos detectados son infecciones adquiridas durante viajes. Sin embargo, España ya ha documentado transmisión autóctona de dengue, por lo que el fenómeno no es únicamente teórico.
El riesgo, además, es marcadamente estacional. Durante los meses en los que las temperaturas permiten mayor actividad de Aedes y favorecen la replicación viral dentro del mosquito, aumenta la posibilidad de que un caso importado origine transmisión secundaria. Cuando disminuye la actividad vectorial, esa probabilidad también se reduce.
El escenario del virus del Nilo Occidental es diferente. En este caso intervienen principalmente mosquitos del género Culex y aves que actúan como reservorio, de manera que existe un ciclo de transmisión mantenido en determinadas áreas españolas. Por ello, el Plan Nacional aborda de forma diferenciada las enfermedades transmitidas por Aedes y las asociadas a Culex, integrando vigilancia humana, animal, entomológica y ambiental.
Así que la respuesta más precisa a la pregunta «hay riesgo en España?» sería:
Sí, pero es un riesgo dinámico. Aumenta cuando coinciden virus, vector competente, actividad suficiente del mosquito y condiciones ambientales favorables, y puede variar mucho entre territorios y estaciones.
¿Cómo podemos reducir el riesgo?
La prevención de las enfermedades transmitidas por mosquitos no depende de una única medida. El Plan Nacional de Prevención, Vigilancia y Control de las Enfermedades Transmitidas por Vectores plantea una estrategia integrada que combina vigilancia epidemiológica y entomológica, control del vector, protección individual y participación ciudadana.
En el caso de los mosquitos del género Aedes, una parte importante de la prevención consiste en reducir los lugares en los que pueden reproducirse. Estos mosquitos pueden aprovechar pequeñas acumulaciones de agua para completar su ciclo, por lo que eliminar o controlar los posibles criaderos alrededor de las viviendas resulta especialmente importante.
Conviene revisar de forma periódica recipientes que puedan acumular agua, como:
platos de macetas;
cubos, regaderas y otros recipientes en patios o terrazas;
bebederos de animales;
juguetes u objetos abandonados en el exterior
canalones y desagües;
neumáticos y otros elementos capaces de retener agua.
Cuando estos recipientes sean necesarios, deben vaciarse, renovarse o mantenerse de forma que se dificulte la cría del mosquito.
A estas medidas se añade la protección frente a las picaduras, especialmente durante los periodos y en las zonas en las que existe actividad vectorial. El uso adecuado de repelentes, ropa que reduzca la exposición de la piel, mosquiteras y otras barreras físicas puede disminuir el contacto entre los mosquitos y las personas.
La prevención cobra todavía más importancia cuando existe un caso sospechoso o confirmado de una enfermedad transmitida por Aedes. Evitar que una persona infectada sea picada durante el periodo en el que el virus puede encontrarse en sangre ayuda a reducir la posibilidad de que un mosquito adquiera la infección y participe posteriormente en una cadena de transmisión.
Pero el control de estas enfermedades no depende únicamente de las administraciones sanitarias. El Plan Nacional incorpora también la participación de la ciudadanía en la vigilancia de los mosquitos, de manera que cualquier persona puede contribuir a detectar su presencia y expansión.
Y para hacerlo existe una herramienta especialmente interesante: Mosquito Alert.
Mosquito Alert: cuando la ciudadanía también vigila los mosquitos
Una de las herramientas más interesantes incorporadas a la vigilancia de mosquitos en España no está instalada en un laboratorio, sino en el teléfono móvil de miles de ciudadanos.
Mosquito Alert es una iniciativa de ciencia ciudadana que permite comunicar mediante una aplicación la presencia de mosquitos de interés sanitario, lugares de cría y picaduras. La información enviada por los usuarios complementa los sistemas tradicionales de vigilancia entomológica y contribuye a conocer cómo se distribuyen y expanden determinadas especies.
Su funcionamiento es sencillo: cuando una persona encuentra un mosquito, puede fotografiarlo y enviar la observación a través de la aplicación junto con su localización. Las imágenes son analizadas mediante un sistema que combina inteligencia artificial y validación experta, y las observaciones confirmadas pueden incorporarse posteriormente al mapa público de Mosquito Alert.
Ciencia ciudadana que genera datos reales
La utilidad de estas observaciones va mucho más allá de la curiosidad de saber qué mosquito hemos encontrado.
En junio de 2025, el Ministerio de Sanidad señaló que Mosquito Alert había recibido más de 27.000 observaciones ciudadanas durante los dos años anteriores. Desde 2023, el sistema había contribuido a confirmar la presencia del mosquito tigre (Aedes albopictus) en 156 municipios españoles.
La participación ciudadana también ha permitido detectar la expansión de otras especies invasoras. En 2025, el sistema había identificado además la presencia de Aedes japonicus en municipios de Asturias, Cantabria y País Vasco.
El valor de estas observaciones reside precisamente en su capacidad para ampliar enormemente el territorio que puede ser vigilado. Mientras los sistemas tradicionales dependen de trampas y puntos concretos de muestreo, miles de teléfonos móviles pueden aportar información desde lugares en los que quizá nunca se habría instalado una trampa.
De una fotografía a una alerta de Salud Pública
El sistema incorpora actualmente AIMA, una herramienta de inteligencia artificial capaz de realizar una primera clasificación de las imágenes enviadas por los ciudadanos. Cuando se detecta una especie invasora en un municipio donde previamente no constaba su presencia, el sistema puede generar una alerta que llega a las autoridades sanitarias para que pueda valorarse la situación.
La inteligencia artificial no trabaja sola. Las fotografías que requieren confirmación son revisadas por especialistas en entomología, combinando así la rapidez del análisis automatizado con la validación científica.
Los resultados terminan alimentando un mapa público interactivo, en el que pueden consultarse observaciones de mosquitos y lugares de cría registradas desde 2014.
Los resultados terminan alimentando un mapa público interactivo, en el que pueden consultarse observaciones de mosquitos y lugares de cría registradas desde 2014.
Y estos datos ya forman parte de la vigilancia oficial: el Ministerio de Sanidad incorpora actualmente información procedente de ciencia ciudadana en sus resultados nacionales de vigilancia de Aedes albopictus.
Montaje elaborado por SEEUE a partir de una captura promocional de la aplicación Mosquito Alert.
En otras palabras, fotografiar un mosquito con el teléfono móvil puede parecer un gesto pequeño, pero esa observación puede convertirse en un dato útil para conocer la expansión de una especie invasora e incluso contribuir a detectar su llegada a un nuevo territorio.
Eso es precisamente la ciencia ciudadana: convertir miles de observaciones individuales en información útil para la investigación y la Salud Pública.
En España, el riesgo de enfermedades transmitidas por mosquitos existe, pero depende de que coincidan vector, virus, condiciones ambientales y oportunidad de transmisión. La vigilancia epidemiológica y entomológica, junto con la prevención y la participación ciudadana, son claves para detectar cambios a tiempo. Y herramientas como Mosquito Alert demuestran que también desde un teléfono móvil se puede contribuir a la Salud Pública.